Alergias y azul ruso

Hace un tiempo (años) os hablé de las alergias y la raza azul ruso pero hay determinados conceptos en los que de vez en cuando no viene mal hacer hincapié.

En primer lugar, no existen los gatos hipoalergénicos. Es cierto que determinadas razas se consideran de menor impacto por una serie de características, pero eso no significa que no vayan a afectar en absoluto al alérgico, con lo que siempre es imperativo determinar en primer lugar el grado de alergia que se sufre y a partir de ahí poder decidir si es buena o mala idea convivir con un gato. Ve al médico, hazte pruebas y consúltale sobre la conveniencia o inconveniencia de dar el paso; el médico te dará información objetiva sobre tu posible reacción futura en función de los análisis clínicos que haya realizado y a tu caso concreto.

Y no, no se puede sustituir un diagnóstico médico por una prueba casera… pasar una tarde o tres días en casa de unos amigos con uno o dos gatos no es representativo de nada. Cada gato te puede dar una reacción determinada, cada hogar está configurado de distinta forma, etc. Te puede ocurrir que con un determinado individuo, por muchos factores que confluyan a la vez, no tengas ningún tipo de reacción y que con otros se te ponga el cuerpo del revés. Sé responsable. Acude al médico.

Recibo muchas, MUCHAS, peticiones de personas con alergia al gato pidiendo visitarnos. En mi forma de entender las cosas esto no tendría cabida y al principio no daba crédito, pero insisto… son muchas las peticiones que recibo. MUCHAS. Piden visitarnos para ver cómo reaccionan… y ahí pondré un ejemplo que creo que explicará de forma clara el porqué esto no es nada recomendable: ¿verdad que si eres alérgico a los cacahuetes no te dedicarás a comer cacahuetes para ver qué ocurre? Pues pasa lo mismo con los gatos: si eres alérgico al gato, no acudas a un lugar lleno de gatos; ni siquiera acudas a un lugar con un solo gato (no te comas un cacahuete para ver tu tolerancia). Acude al médico y sigue sus consejos.

Una vez dispongas de toda la información que necesitas, si a pesar de tu alergia, por acusada que sea, tienes la férrea convicción de que quieres convivir con un gato, en ese caso debes ser consecuente. Es altamente probable que precises de medicación, vacunas, etc. y que generes cierta tolerancia a tu gato, pero que cíclicamente te toque recurrir a químicos varios para paliar los efectos de tus picos de alergia. Si estás dispuesto a ello y los beneficios de tener gato te compensan las molestias, adelante. Si crees que puedes llegar a cansarte pasado cierto tiempo, no des el paso.

No obstante, si el alérgico es un niño, no adquieras un gato… y me explico: las alergias en niños son muy cambiantes y la introducción de un gato en casa puede dar lugar a cuadros alérgicos nada deseables. En ese caso la lógica determina que priorizarás la salud del niño y el primero en salir de la ecuación será el gato. Para un gato, un cambio de territorio es uno de los momentos de mayor estrés de su vida y no hay ninguna necesidad de someterlo a algo así si a priori conocemos estas posibles consecuencias.

Pero ¿Qué ocurre si tu alergia es muy leve? Pues entonces la buena noticia es que casi seguro generarás inmunidad a tu gato e incluso refuerces tu tolerancia a gatos con los que no convives. Esto ocurre en la mayor parte de los casos en que confluyen dos elementos: la alergia es moderada y el gato es de una raza considerada de menor impacto y tiene una serie de características morfológicas que ayudan a minimizar la cantidad de patógenos en el ambiente.

El tiempo en que tardes en generar dicha tolerancia dependerá de varios factores que en última instancia te ayudarán a minimizar los efectos de la alergia con el transcurso de las semanas; ocurre lo mismo en alergias severas, sin que se llegue a desarrollar total inmunidad.

La teoría que nos habla de minimizar los efectos de la alergia, establece lo siguiente en cuanto al gato:

  • Género del gato: mejor hembra que macho.
  • Edad del gato: mejor adulto que cachorro.
  • Estado hormonal: mejor esterilizado que sin esterilizar.

No obstante, en la práctica esto no siempre se cumple porqué confluyen otros factores (una línea genética determinada que segrega menos patógenos, un individuo determinado que tiene mayor afectación que otro, etc) Además, las características del gato son el 50% de la ecuación y el otro 50% dependerá del caso concreto de alergia al que nos enfrentamos. Por lo tanto y tras observar de cerca múltiples hogares con casos de alergia, he llegado a la conclusión de que los efectos reales no se pueden saber hasta que se inicia la convivencia y existe una exposición continuada.

De ahí que sea imperativo no dar el paso en determinados casos en que a priori se sabe que la reacción puede llegar a ser desmesurada.

Claro que habrá ciertas pautas que se pueden seguir para mejorar la calidad de la convivencia sin riesgos para la salud, pero eso ya da para otro capítulo.

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